martes, 29 de junio de 2010

Gran Acto de Nobleza

El siguiente relato me hizo poner la piel de gallina aunque haya sido aclarado como no real. Tiene una magia especial y lo rescato a modo literario como un gran ejemplo y acto de nobleza que nosotros, como seres humanos, podemos ser capaces de realizar.

Fue extraído del libro "Historias que hacen bien" de Daniel Colombo.

Esta es una historia conmovedora, protagonizada por dos de los tenores más famosos del mundo: Plácido Domingo y José Carreras.

Es conocida la rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños: en el ámbito político, los primeros luchan por su autonomía en una España dominada por Madrid; en el ámbito futbolístico, los mayores rivales son el Real Madrid y el Barcelona. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras, catalán.

En 1984, por cuestiones políticas, Carreras y Domingo se enemistaron.

Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en determinado espectáculo si su adversario no era convocado.

Pero en 1987, Carreras conoció un enemigo mucho más implacable que Plácido Domingo: la leucemia. Su lucha contra el cáncer fue sufrida y persistente. Se sometió a varios tratamientos, como el auto transplante de la médula ósea, además de transfusiones de sangre, lo que lo obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos.

Como es obvio, no podía trabajar en esas condiciones y, a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento rápidamente debilitaron sus finanzas.

Cuando no tuvo más dinero, se enteró de la existencia de una fundación en Madrid, cuya única finalidad era solventar el tratamiento de leucémicos.

Gracias al apoyo de esta fundación, Carreras pudo continuar su tratamiento, venció la dolencia y volvió a cantar. Luego de cobrar merecidamente, los altos honorarios que acostumbraba percibir, José Carreras intentó asociarse a esa fundación. Cuando leyó sus estatutos, quedó absorto: el fundador, mayor colaborador y presidente de dicha institución era Plácido Domingo.

Descubrió que éste había creado la entidad, en principio, para atenderlo exclusivamente a él y que se había mantenido en el anonimato para no humillarlo.

El instante más conmovedor - programado por Plácido - fue el encuentro de ambos en una de sus presentaciones en Madrid.

En un momento dado, Carreras interrumpió el concierto y humildemente, frente a un público multitudinario, se arrodilló, le pidió disculpas y le agradeció su invalorable ayuda. Plácido lo tomó de las manos y con un fuerte abrazo sellaron el inicio de una gran amistad.

Más tarde, en una entrevista, una periodista le preguntó a Plácido Domingo:

¿Por qué creó la fundación en un momento en el que, además de beneficiar a un "enemigo", revivía al único artista capaz de competir con usted?

La respuesta de Plácido Domingo fue breve y concluyente: "Porque una voz como ésa no se puede perder".



Podrá ser más grande la nobleza humana que el orgullo personal?

Sé que es difícil hacer algo grande como lo narrado en esta historia, pero somos capaces de hacer cosas inmensas por más sencillas que parezcan.

El tamaño real de nuestras noblezas se encuentra en la entrega con que se realice, la importancia que se le de y la acción realizada desde la pureza del corazón por el bien del prójimo.

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