martes, 7 de febrero de 2012

Historias de Las Malvinas (que no se creerían)


Nuevamente el conflicto entre Argentina e Inglaterra por la soberanía de las Islas Malvinas ha tomado importancia y es comprensible, pero trae potencialmente un enfrentamiento que muchos no vivimos, pero que igualmente no queremos que se repita.

Sin embargo, más allá de lo que puedan informar hoy las autoridades y los medios, tengo el recuerdo de algunas historias que leí en algún momento sobre la parte humana de esta guerra que pasó y que dejaría a cualquiera con la piel de gallina.

Son 3 historias, una más sorprendente que otra y la última es simplemente increíble.


Historia #1
El reencuentro de dos antiguos enemigos



Hace 30 años, durante la Guerra de las Malvinas, el teniente argentino Mariano Velasco pilotaba un cazabombardero A-4 Skyhawk. El 25 de mayo, junto a otros dos pilotos, hundió con bombas el destructor británico HMS Coventry, en el que murieron 19 tripulantes y otros 30 fueron heridos. Dos días después, en otra operación contra navíos británicos, su Skyhawk fue alcanzado y destruido por una batería antiaérea del buque de asalto HMS Intrepid que manejaba el inglés Neil Wilkinson, entonces de 22 años. El artillero, el único del bando británico que disparó ese día, vio estallar el avión y concluyó que su piloto no podría haber sobrevivido.

Con el paso de los años no sintió júbilo, sino dolor. Décadas después se enteró que Velasco logró saltar en paracaídas y salvarse pese a sus heridas. Viajó a Malvinas y luego al hogar de Velasco en Córdoba, donde fue recibido como un viejo amigo. El viaje de Wilkinson fue documentado por la BBC, que lo difundió en Gran Bretaña. Según consignó el diario bonaerense La Nación, Wilkinson concluyó que "conocerlo en persona fue el cierre de un ciclo".


Historia #2
El pulóver que un soldado argentino devolvió a las Malvinas 


Miguel Savage fue a la guerra sin saber usar un arma. En sus dos meses de estadía en las islas bajó 20 kilos. Quebrado por el frío, tomó un pulóver de una casa cuyos habitantes no estaban, el cual asegura, logró salvarle la vida. Vivió aferrado a esta historia y a ese abrigo por 24 años hasta que en febrero de 2006 decidió regresarlo a sus dueños.

Era el 8 de junio de 1982 en la que Miguel Savage junto a cuatro compañeros y un suboficial iniciaron una caminata cuya misión era desactivar una posible base de operaciones inglesa. Para ello soportaron fríos extremos, atravesaron campos minados e incluso esquivaron el fuego enemigo.

Miguel Savage, que no sabía cómo manejar un arma tenía como tarea ser traductor por su manejo del inglés. En medio de un miedo terrible llegaron a una casa con el temor de que en cualquier momento los encontraran y acabaran con sus vidas, pero era más la desesperación por el hambre y el frío que tenían. Luego de inspeccionar la casa se dieron cuenta que no se encontraba nadie. "La casa era linda, la sentí acogedora, como la casa de mi abuela. Hasta los olores eran familiares." Se dividieron para inspeccionar la casa y Miguel Savage ingresó en el cuarto matrimonial, al confirmar que el lugar estaba deshabitado se relajó y buscó ansiosamente los cajones y dio con una chopa / pulóver azul. "Era un pulóver inglés lindísimo, con borda azul y cruz. Me lo puse en la nariz y sentí el olor a limpio, a perfume, a naftalina. Y dije: 'Qué lindo, esto es como estar de vuelta a casa'. Me saqué la ropa mojada y me puse ese pulóver... Ese momento fue mágico." Luego comió con desesperación la comida que encontró. Además, tomó algunas fotos de la familia que vivía en aquel lugar. "Dije: 'A este lugar voy a volver algún día y con esta gente voy a hablar'".

Ese momento llegó en febrero de 2006. Con la intención de cerrar ese capítulo de su historia, se encontró con Sharon Mulkenbuhr, hija del matrimonio que habítaba aquella casa. "Cuando iba llegando, el corazón se me salía del pecho. Revivía escenas de aquel día llegando con veinte kilos menos, con el uniforme, con el sargento, con mis compañeros. Se me mezclaba el pasado con el presente."

En la estancia lo recibió Lisa, hermana de Sharon. El pulóver volvió a manos de sus antiguos dueños junto a una nota de puño y letra en la que Miguel expresaba su agradecimiento. Con lágrimas en los ojos, Lisa reconoció el abrigo de su padre, ya fallecido. "Acá, en esta casa, sentí que alguien me protegió. Y venía a decírselos, veinticuatro años después", le dijo a la muchacha sollozando, mientrsa se desprendía del preciado objeto. "Esa casa fue como un salvavidas en el océano para mí. Esa casa y ese pulóver me salvaron la vida"

La nota decía:

"Este pulóver me dio abrigo en un momento de tremenda exposición. La temperatura era de -20 C. Estaba mojado y ya había perdido 17 kilos (pesaba 55 kilos). Lo tomé "prestado" de una estancia en las Malvinas, a cinco horas de caminata desde nuestra posición, cerca de Monte Longdon, habiendo cruzado el río Murrell. Llegamos hasta allí con seis soldados integrantes de un operativo. Yo iba como intérprete. El objetivo era destruir un equipo de radio que transmitía a la flota inglesa. 

Afortunadamente no había nadie y pudimos revisar, aunque muy nerviosos, todo el lugar. El sitio era lindísimo, con vista a ondulaciones y entradas del mar. Pensé en lo pacífico del lugar y en lo absurdo de esta guerra. Lo sentí realmente familiar y fue como revisar la cómoda de mi abuela. 
También lo usé (estando) como prisionero a bordo del Camberra, tomando el té con la plana mayor de oficiales de la Task Force, que junto con todos los medios británicos me 'sometieron' a una verdadera conferencia de prensa, asombrados como dicen en muchos libros de cómo habíamos logrado sobrevivir a semejante rigor climático sin suficiente alimento. 

Pensé devolverlo a sus dueños, en mi primer visita a las islas, pero un amigo me convenció de que no lo hiciera. 'Este pulóver forma más parte de tu historia que la de ellos', me decía. 

En el momento de ponérmelo sentí una enorme paz. Sentí una energía especial, como que alguien de esa casa me decía que volvería con vida, que volvería a casa y que esta guerra que nunca debió ocurrir se estaba terminando".



Historia #3
Historias entrelazadas


El programa "Perros de la Calle" de Radio Metro 95.1 FM de Buenos Aires, presentó la historia de Ezequiel Martel, hijo de un aviador caído en la Guerra de las Islas Malvinas, quien contó acerca de la vida de su padre y su pasión por volar, de la oportunidad que tuvo para dejar la Fuerza Aérea y dedicarse a algo más comercial, pero por cuestiones del destino le surgió la posibilidad de que piloteara un Hércules, el avión que tanto soñaba volar. Poco después surgió la guerra y fue derribado por un piloto inglés. En ese momento Ezequiel tenía 10 meses. Actualmente él es también piloto como su padre, "es la mejor forma de estar cerca, lo tengo metido en la sangre".

Días después, la producción del programa encontró a Nigel Ward, el comandante inglés que derribó el avión del papá de Ezequiel y en un clima de respeto y emoción, los dos hablaron por primera vez.





Fuentes:

Historia 1:
http://www.viajemalvinas.com.ar/1devolviendo.htm

Historia 2:
http://www.elpais.com.uy/suplemento/quepasa/malvinas-divide-y-une/quepasa_619622_120121.html

Historia 3:
http://perros.metro951.com/2011/04/01/recuerdos-de-la-niebla
http://perros.metro951.com/2011/04/27/malvinas-para-siempre

3 comentarios:

  1. Muy buenas historias, las voy a copiar para difundirlas y pasarlas en mi programa de radio por internet (expedienteocultoradio.blogspot.com) en un programa que quiero hacer sobre historias humanas detrás de las guerras. Un saludo.

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  2. Julio puedo publicar estos textos en mi blog Expediente Oculto??? estaría con tu nombre y pondría tu blog como crédito. envíame la respuesta a correoexpediente@gmail.com

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  3. Percy, gomen, recién vi los comentarios. No me llegó la notificación al mail, pero dale! Da a conocer las historias! :D

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